Sentada en el alféizar de la ventana contemplaba la habitación oscura, para cualquiera que mirara dentro no vería más que eso, oscuridad.Sin embargo, ella era capaz de distinguir cada objeto y motivo que hubiera en esta, al igual que era capaz de distinguir a la persona que dormía plácidamente en la cama, y notar su calmada respiración.
Lo miraba con una mezcla de felicidad y de nostalgia, lo miraba como un niño observa por primera vez su mano y comprende que es suya.
No se acordaba con exactitud de cuanto tiempo hacía que había salido por la venta en la que estaba sentada, no se acordaba de cuando rompió la promesa de que nunca lo abandonaría. Simplemente una noche salió volando para no volver jamás.
Se puso a contemplar las estrellas por las que le había cambiado, se fijó en la más brillante y sonrió.
Por mucho que lo quisiera, y por mucho que lo echara de menos, ese ya no era su hogar, tan siquiera tenía un cuerpo material en ese universo, solo era real en el país de los sueños, pero no siempre ni todo el mundo puede acceder a él.
Abrió la ventana lentamente, el frió de la noche se coló antes que ella, pensó que tampoco iba a pasar nada malo por contemplarlo de cerca, al igual que tampoco pasaría nada por acurrucarse junto a él.
Se acercó sigilosamente, usando tan solo la punta de los pies, se sentía tan ligera como una hoja en otoño, pero con la tensión de un pájaro cuando se acerca el invierno.
Se aproximó a él sonriendo, pegó su cara a la suya y respiró su aliento. Se acostó y lo observo.
Ya casi no se acordaba de sus rasgos, de su nariz puntiaguda, de la forma de su mentón y de lo finos que tenía los labios. Le apartó el flequillo de la frente, ese mechón de pelo que parecía tener vida propia.
Le cantó con las melodías del bosque y de las hadas, lo reconfortó como mejor pudo, trató de demostrarle su amor, de decirle que no lo olvidaba, pese a que sabía que eso no era del todo cierto. Le acuno la cara como la luna acuna a sus hijas las estrellas...Pero le fue imposible resistirse, y lo besó.
Fue como sí una cálida brisa de verano se hubiera colado en la habitación, dos corazones latiendo como las alas de un colibrí.
El sueño de él comenzó a turbarse, debía abandonarlo una vez más rompiendo su promesa, y partió como un globo parte ante una ráfaga de viento.
Él se despertó como si la primavera estuviera en la habitación y las mariposa en su estómago, y por primera vez alcanzó la segunda estrella a la derecha, donde está el mundo de los sueños y donde ella le esperaba.
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